Jacobo, el periodismo y la política

BOTICA R328: Jacobo, el periodismo y la política
Publicación original en http://www.almomento.mx/botica-r328-jacobo-el-periodismo-y-la-politica/

•No obstante la lucha de muchos, hay pocos cambios en el periodismo mexicano desde hace 50 años Jorge Meléndez

No existen periodistas inmaculados. Tampoco quienes no tengan preferencias políticas, las digan abiertamente o no. Menos aquellos que creen divulgar “la verdad”, una palabra inexistente en este oficio. Todos cometen pecados, errores o hasta falsedades. Cada uno tiene sus preferencias, aunque algunas muden según las circunstancias. Escuchar en las últimas horas una cantidad grande de elogios a Jacobo Zabludovsky en radio, televisión y medios impresos da idea que no obstante la lucha de muchos, hay pocos cambios en el periodismo mexicano desde hace 50 años. Algo parecido, sin duda, ocurre en la política, donde cada vez menos pero todavía gana el partido omnipresente y sus nuevos aliados. Pero leer en varios medios la opinión de quienes sufrieron agravios o son nuevos y menos maleables, es un signo que las cosas, lentamente, van por otro rumbo.

Jacobo Zabludovsky siempre tuvo medios en los cuales dar su opinión, aunque a veces no lo hizo por temor o conveniencia. Sus discípulos señalan que hace decenios no se podía enfrentar a los poderosos. No es cierto. Una generación de periodistas lo demuestran: Renato Leduc, Víctor Rico Galán, José Alvarado, Francisco Martínez de la Vega, Alberto Domingo, Jorge Piñó Sandoval, José Pagés Llergo y algunos más; los dos últimos fueron obligados a cerrar sus revistas por “ofender al eterno”. Otro mejor conocidos forman parte de la escuela que abrió brecha en muchos terrenos: Julio Scherer García, Jesús Blancornelas, Manuel Buendía, Miguel Ángel Granados Chapa y varios. Incluso hubo quienes formaron asociaciones de tecleadores como la Mexicana de Periodistas: Juan Duch, Mario Gill, Edmundo Jardón y Ermilo Abreu Gómez. Y la Unión de Periodistas Democráticos (UPD), en la cual estuvieron Carlos Pereyra, Eduardo Deschamps, Antonio Caram, Hugo Tulio Meléndez, Pedro Reyner y una veintena que todavía andan dando guerra (Humberto Musacchio, Eduardo Ibarra, etc.).


Por cierta, la UPD fue la única que condenó abiertamente el golpe a Excélsior, en un desplegado que apareció en Sucesos para Todos, donde se incluyó un reportaje de Luis Alberto García Aguirre. Traigo rápidamente a la memoria estos casos porque el periodismo de relumbrón se daba en radio, televisión y ciertos impresos. Otros tenían que publicar donde fuera, incluso en diarios de los estados de poca circulación. Jacobo hizo más periodismo de televisión, aunque al final estuvo en la radio. Y es que salió de Televisa. Primero ya que no pudo estar en 24 horas desde el 19 de enero de 1998, pues el tercer Azcárraga puso en su lugar a Guillermo Ortega Ruiz. Y después su hijo, Abraham, fue despedido en el año 2000. Entonces se solidarizó con su vástago y dijo adiós: magnífico gesto, de enorme altura. Pero acerca del 2 de octubre, en el Diario Nescafé- si no cito mal-, dijo que el 3 era un día hermoso, soleado. ¿Y los estudiantes caídos? ¿Y las madres desoladas? ¿Y la democracia mexicana? En 1976 apoyó el golpe a Excélsior.


Posibilitó que un canalla, Roberto Blanco Moheno, escupiera baba contra el diario más prestigiado de América Latina. Envió a reportear acerca de unos terrenos que eran propiedad de la cooperativa para que Echeverría tuviera argumentos contra los periodistas que hacían su labor independiente. En las elecciones de 1988, donde muchos señalan que ganó Cuauhtémoc Cárdenas, le dedicó al Ingeniero nueve minutos en dos meses y medio de campaña, en tanto que a Salinas le posibilitó 141 minutos. Pequeña diferencia. Ampliada un poco ya que los encuadres de uno y otro eran magníficos para el chaparrito, conocido desde entonces como “La hormiga atómica”. Esto trajo como resultado que los tres que estaban contra el PRI: Cárdenas, Manuel de Jesús Clouthier y Rosario Ibarra de Piedra hicieran un mitin en la secretaría de Gobernación para impugnar los resultados electorales y luego, algunos, nos fuimos a Televisa a protestar. Ya después vendría el #Yosoy132 a reiterar que en esa empresa no hay equidad en la información.

El 23 de marzo de 1994, cuando asesinan en Lomas Taurinas a Luis Donaldo Colosio, llega una reportera (¿Talina Fernández?) al hospital donde está el caído. Jacobo insiste en que entreviste a los médicos, a Laura Riojas, a quien sea para la nota. ¿Periodismo de altura? Zabludovsky, nos dice Milenio (2 de julio), fue Coordinador de Radio y Televisión de la Presidencia de la República en los gobiernos de Adolfo López Mateos y Gustavo Díaz Ordaz. ¿Se puede hacer las dos cosas a la vez: reportear y trabajar para la administración federal? Cuando lo entrevista para El País, Verónica Calderón le recuerda el incidente de Colosio, él contesta “Olvídate de eso”. Y al inquirirle cómo hizo su trabajo con un partido que dominó la escena política por setenta años, responde: “No entremos en detalles”.

 Aunque elogia a Emilio Azcárraga, ya que “decidía con inteligencia”. Y agrega: “Era un jefe con el que se podía dialogar”. Tal vez algunas de sus acciones reprobables las hizo de acuerdo con el llamado Tigre. El 17 de mayo de 2015, la Universidad Veracruzana dio marcha atrás en el doctorado honoris causa que le iba a otorgar a Jacobo, no obstante que el consejo universitario había votado 40 a favor y 15 en contra, ya que una petición de Ángel Ramos en Change Org. recibió miles de firmas impugnando ese reconocimiento. Andrés Manuel López Obrador: “Lamento el fallecimiento de Jacobo Zabludovsky. Siempre me entrevistó con profesionalismo. Un abrazo a Sarita y toda su familia”. Vicente Leñero escribió en el número 124 de la Revista de la Universidad (junio de 2014): a Jacobo “se le tenía desconfianza y hasta temor por la manera de tergiversar los hechos haciendo creer que la realidad era así como él-objetivo y veraz. Y de manera irónica escribe Leñero que cuando recibió la medalla Eduardo Neri en la Cámara de Diputados, Zabludovsky hubiera expresado: “Esta mañana no vengo a otra cosa más que a pedir perdón. Quiero pedir perdón a todos los que ofendía y lastimé o desacredité en mi larga carrera periodística. Perdón por haberme sometido a las exigencias de la empresa a la que trabajaba, del gobierno al que servía, de los políticos a los que me rendí”.


En momentos donde Javier Duarte- el sátrapa de Veracruz que no ha podido resolver uno de los 16 crímenes de informadores en Veracruz, desde el año 2000, entre ellos el de Regina Martínez (Proceso)- asegura que los periodistas están coludidos con el narcotráfico; cuando acaban de asesinar a Fidelfo Sánchez, un locutor en Oaxaca antes de entrar a la radiodifusora, y al realizarse un gran acto en la UAM Xochimilco en defensa de la audiencia, en el cual estuvieron Jenaro Villamil y Gabriel Sosa Plata, encabezados por Carmen Aristegui que sigue fuera del aire, el exceso necesita un freno.

El periodismo debe ser no el elogio o la diatriba excesiva, sino la puntualización de lo que ocurre en el país.


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